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NO ENTRÉ A LA UNI ¿Y AHORA QUÉ HAGO?

Cada año se repite lo mismo. En verano vienen los exámenes de admisión a las universidades públicas. Hay quienes entran y quienes no, los que no lo consiguen buscan entrar a otra facultad con poca demanda, otros empiezan a ver si es posible pagar una universidad privada, otros más buscan un empleo. Las autoridades gubernamentales dicen que debe haber más espacios en la universidad o que ni siquiera debería haber examen de admisión, y después de un par de semanas el tema queda en el olvido hasta el año siguiente.

La realidad universitaria

¿Cuál es la expectativa de cada egresado al terminar la universidad? Considero que la mayoría lo imaginamos: encontrar un buen empleo. El empleo que imaginó cada estudiante al desvelarse para entregar un trabajo mientras se decía a sí mismo: – “Ojalá me desvelara para trabajar, así al menos ganaría dinero y no sólo la calificación”-. Pero la realidad a la que se enfrenta la mayoría de los recién egresados es una crisis de identidad sobre su persona y sobre su futuro, hay quienes ya tienen trabajo y desean que les incrementen el sueldo o cambiar de empresa a un mayor puesto, pero difícilmente lo encuentran. Otros que se esforzaron en sacar excelentes calificaciones desean incorporarse al campo laboral, pero al no tener experiencia suelen ser rechazados, por lo que deciden cursar una maestría para encontrar trabajo, pero aún siguen sin entrar a trabajar para generar dicha experiencia. Y después viene una inmensa mayoría que reparte infinidad de currículums teniendo como experiencia profesional el ejercicio de su servicio social y sus prácticas, las cuales pudieron ser un gran aprendizaje o un total desperdicio de tiempo dependiendo de la institución pública o de los jefes que hayan tenido.

Los trabajos disponibles en gran proporción son de asistentes o de vendedores, pero muchos sueñan con un trabajo de escritorio, con excelentes prestaciones e incluso para quienes tienen pareja, que les dé la capacidad económica para tener una familia. ¿Existen esos los empleos ideales? ¡Por supuesto! Pero sólo existen para un mínimo porcentaje de universitarios graduados.

¿Cuál es la realidad de terminar la universidad? Al igual que ‘el colador’ de alumnos que entran a la universidad, algunos consiguen trabajo en el ramo de la carrera que estudiaron, otros encuentran un trabajo distinto a lo que estudiaron y algunos pocos ponen su negocio. Pero lo único que sí es seguro, es que la carrera universitaria (al menos en México) no garantiza el éxito profesional, incluso más de nueve millones de mexicanos con licenciatura o maestría gana de uno a dos salarios mínimos diarios. Desafortunadamente, la generación millennial es la más educada pero también la más pobre de los últimos cien año.

El aprendizaje alterno

El no entrar a la universidad te abre una infinidad de puertas a lo que muchos universitarios dejan hasta el final por sus calificaciones pero que les van a pedir al principio de pedir un trabajo: la experiencia. El hecho de aprender un oficio desde muy jóvenes (16 a 18 años) hace que tengan la oportunidad de experimentar con sus virtudes y capacidades para poderle dar un rumbo auténtico al futuro que desean para su edad madura y particularmente que puedan aprender de sus errores; incluso es más flexible en el tema de la vocación porque el joven puede alternar de un trabajo al otro al descubrir que el actual no le gusta, en tanto que para un universitario que descubre que su elección de carrera fue errónea tiene que hacer trámites que le pueden tomar más de medio año en tanto comienza un nuevo ciclo escolar.

Si bien el salario de una persona con la preparatoria concluida es casi 40% menor al de una persona con licenciatura, también ese joven que comienza a trabajar tiene derecho a recibir un sueldo por su empleo. Este sueldo debidamente ahorrado y bien administrado en el futuro puede ser detonante para abrir un negocio o desarrollar un proyecto. Pongamos un ejemplo:

Un joven que comienza a trabajar de mesero en un café o una franquicia desde los 18 años, por un periodo de tres años, con un sueldo de $3,500.00 pesos mensuales, que viva con sus padres y sin hijos que mantener, puede llegar a tener un fondo de hasta $126,000.00 (sin contar algún ingreso extra como utilidades o aguinaldo) para comenzar un pequeño negocio, como pudiera ser un café local, una repostería, una tienda en línea o de cualquier cosa en la cual el joven sea un gran experto.

¿Qué necesita realmente el mundo laboral?

Cabe mencionar que en la práctica laboral hay muchísima escases de profesionistas que cumplan estas dos características: ser especialistas y ser profesionales. La competencia por los trabajos va a existir por muchas décadas más, pero son pocas las personas que están conscientes de que ser un especialista en un tema permite que se abran las puertas a que las empresas las busquen o que sus clientes los contraten. Pongamos otro ejemplo:

Hace aproximadamente tres años la profesión de community manager (la persona encargada de publicar en redes sociales) era un trabajo con mucha proyección en la que eran pocas las personas conocidas para desempeñar este trabajo, por lo que las grandes empresas les contactaron para hacer su publicidad en Facebook. Posteriormente, se comenzaron a dar muchísimos cursos para que cualquier persona pueda hacer su publicidad pagada en internet. ¿Cuál es el resultado actual? Efectivamente, cualquier persona puede hacer publicidad de su negocio en redes sociales, pero son pocas las que pueden hacerlo correctamente y que les de los resultados proyectados. Quienes se dedican a ser community managers deben especializarse más en el tema de publicidad en internet para que su trabajo esté mucho más adelante que el de las personas que tomaron un curso básico de seis u ocho horas y puedan ofrecer sus servicios especializados a más empresas y negocios de todo tipo.

En lo que respecta a ser un profesional es más una cuestión de actitud que de una educación previa. Es tener esa actitud de hacer perfectamente bien las cosas porque sabes para qué hacerlas y ser empático y considerado con la persona que cuenta contigo. Ser un profesional implica ser puntual, o el hecho de que, si se va a entregar un informe, ese informe tiene un esquema, un formato, no tiene errores ortográficos y que es sencillo de comprender, o que posiblemente si se va a trapear, debe quedar limpio como si la misma persona se fuera a acostar en el piso, procurando cambiar el agua sucia las veces que sea necesario, secando sin que queden residuos en el piso y enjuagando el trapeador al terminar. Un futbolista que juega en la liga mayor de su país podría decir que es un profesional, pero si cada fin de semana se va de fiesta, se desvela y en consecuencia no rinde al 100% en los partidos, podríamos decir que juega a nivel profesional, pero no se comporta como un profesional. Absolutamente todo en la vida tiene su modo de hacerse, pero pocas son las personas que ponen su empeño en hacer las cosas bien hechas. Un joven que haga con dedicación su trabajo, sin poner pretextos, es un joven que aspira a ser más competente y generar más confianza para las personas con las que trabaje.

Cabe mencionar un elemento muy importante para el éxito: la pasión. Bill Gates y Mark Zuckerberg son dos personas que ingresaron a la universidad pero que la abandonaron para cumplir con sus proyectos (Mark Zuckerberg regresó a terminarla después de haber amasado su fortuna), y aunque son ejemplos muy constantes en infinidad de textos motivacionales, mi intención de mencionarlos es mostrar que es posible llegar al éxito sin cursar la universidad, pero se debe trabajar con mucha pasión y esfuerzo. ¿Tienes un familiar que ha llegado al éxito profesional a base de esfuerzo y dedicación? ¿Qué puedes aprender de él?

Lo más recomendable para un joven que no entró a la universidad es que reflexione sobre sí mismo, sus virtudes, capacidades y pasiones. Debe crear su perfil profesional aprendiendo desde cero y desde abajo para después convertirse un especialista y un profesional; para que sea generador de proyectos que le permitan crecer sin tener que esperar a terminar la universidad y, quién sabe, posiblemente sea quien le dé trabajo a los profesionistas.

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